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Lo primero es lo primero, felicitar a la organización por el tremendo despliegue realizado en esta prueba. Sin duda el éxito de este evento viene dado por el carácter cercano y familiar que aportan todos los que de una forma u otra ayudan a sacarlo adelante. Organismos públicos, Cruz Roja, voluntarios, la gente de Gesport y como no, el "Gran Juanjo" que estaba en todas partes. Sólo había que verlo en la charla técnica del viernes, atendiendo al móvil, detallándonos todos los secretos del recorrido, la organización; o también el día de la carrera que lo pudimos ver en varias zonas del recorrido sacando fotos. Ahí podías darte cuenta del trabajo realizado.
La crónica en sí empieza el viernes, con el desplazamiento en barco a El Hierro de toda la familia, a las 6 de la mañana todos en pie para ir en coche a coger el Fred Olsen desde  Los Cristianos. Afortunadamente el mar estaba en buenas condiciones y llegamos sin problemas.
Lo primero fue ir a comer nada más llegar, se notaba la avalancha de corredores en Frontera, cuartel general de la organización y punto de salida y meta de la carrera, todos los restaurantes a tope y muchas caras conocidas de todas las islas e incluso de la península.
Por la tarde la charla técnica y luego la cena de la pasta, mención especial para el tiramisú del que me pimplé dos raciones.
Me costó bastante dormirme, creo que los cuatro cafés del día tuvieron algo de culpa. A las 7 estaba en pie, desayuno ligerito con unas tostadas, unas galletas y una taza de soja. La previsión meteorológica era buena así que salí en mangas de camisa y dudando hasta el último momento de si llevar bastones o no. Creo que tendría que haberlos cogido...
En la salida ya había gente, saludos con los conocidos, algunas fotos, el tiempo pasa rápido y en nada se da la salida neutralizada. Dos kilómetros al trote, por asfalto al principio y luego por la pista del canal. Reagrupamiento para dar la salida oficial y esta vez sí, sale todo el mundo bastante rápido llaneando por la pista. Se forma un pequeño tapón al cruzar por encima del canal para entrar en el sendero y en fila de a uno empieza la verdadera maratón del Meridiano.
Es la primera subida fuerte del día, el pelotón se empieza a alargar, todavía no ha salido el sol, hace fresco y las fuerzas están intactas. Vamos disfrutando del recorrido, es precioso y hay unas vistas impresionantes, cuanto más altura vamos cogiendo más bonito es el paisaje. Hay algunos senderos que están literalmente abiertos a mano por la organización. Voy entendiendo porqué todo el mundo habla tan bien de esta carrera.
LLegamos a una zona recreativa muy bonita, aquí hay un avituallamiento bastante completo. El camino se allana y podemos correr bastante. Por pista al principio y luego nos metemos por el monte verde para bajar hasta Sabinosa, suavemente al principio para después coger un sendero bastante técnico con zonas de picón y bastantes piedras.
Al llegar a Sabinosa ya habían salido los de la carrera de 27 kms., nada más entrar en el sendero de la segunda subida del día empezamos a pasar a la gente que cerraba esa carrera. Tini, que había sido mi compañero hasta ese momento empieza a escaparse. Empiezo a notar las consecuencias de la larga bajada anterior pero todavía sigo fuerte y subo bien, sólo es cuestión de agachar la cabeza y no mirar hacia arriba para ver lo que queda.
LLegando al avituallamiento de arriba me adelanta Marta Prats acompañada de sus "pacers", las fuerzas ya no son las mismas que al principio ahora empieza una bajada que nos lleva a la zona de las sabinas. Sigo corriendo sin parar pero ya cuesta más, empiezan los toboganes y los dolores. El terreno cada vez se va inclinando más hasta que llegamos a la Ermita de Los Reyes. Allí pude ver a Miguel Heras que se había retirado en Sabinosa, cruzamos unas palabras, por lo visto arrastraba una lesión y se había resentido, una pena...
A partir de la ermita aparecieron las rampas más fuertes, siempre por pista, interminables. Me empezaron unos dolores en las plantas de los pies que no me dejaban hacer mi pisada normal. Cada paso era un suplicio, la más mínima piedra la notaba a través de la suela. Tuve que parar, sentarme en una piedra, quitarme el calzado y durante unos minutos darme unos masajes en las plantas de los pies y estirarlas bien. Sorprendentemente esto me dejó como nuevo y pude otra ver trotar en los llanos sin molestia alguna. Con el paso de los kilómetros la situación se volvió a repetir y justo en el cartel indicador de que faltaban 11 kms. me tuve que sentar de nuevo a repetir la operación. Quítate una zapatilla, masaje, estiramiento, ponte la zapatilla y al quitarme la otra, ¡¡zas!!, calambrazo en el gemelo derecho y yo allí sentando sin poder moverme, jajaja... Vaya situación, a once kms. de meta, con el gemelo como una piedra y sabiendo que los cuatro kms. finales iban a ser de infarto...
Afortunadamente los dolores de los pies desaparecieron ya definitivamente, ahora tocaba luchar para que no aparecieran más calambres, comer algo para recuperar sales y beber, no había otra cosa que hacer.
Parecía que el Pico de Mal Paso no aparecería nunca, cuando creías que ya ibas a llegar, aparecía otra pequeña colina y veías a los compañeros en la lejanía. Por lo menos ya podía correr de nuevo aunque sólo fuera en los tramos más suaves.
Estaba esperando a que llegara la bajada final pensando,  los cuatro kms. finales pasarán enseguida, jeje..., pobre iluso. Primero una bajada corta por picón y luego una sucesión de curvas y vueltas y más curvas por el monte verde. A veces se oía la megafonía de meta y te desesperabas al ver lo que faltaba.
Al llegar al último tramo de asfalto pude ver a gente que iba muy mal, bajando de espaldas, cojos, caminando...
Al final no pude cumplir mi objetivo que era bajar de seis horas, me quedé en 6:11:54 y bastante contento por haber sabido gestionar un tercer sector (de la Ermita de Los Reyes a meta) con mucho sufrimiento.
Eso sí, que buena la paellita en meta, hablando con los compañeros y poder ver las caras de los que iban llegando, caras de sufrimiento, alegría e incluso algunas lágrimas.
Ya sólo quedaba la entrega de premios en la plaza esa misma noche, por cierto que frío hacía, y la vuelta en barco a Tenerife con el mar bastante malo hasta la llegada a La Gomera.
Ya lo saben, no pueden perderse la Maratón del Meridiano 2012.

E.P.

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