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PATAGONIA SALVAJE
El equipo Canarias-Andalucía. Spiuk Tenerife quedó
Segundo en la Patagonia Expedition Race 2008
David García Galván

La quinta edición del Patagonia Expedition Race, que se celebró del 12 al 21 de febrero en la
Patagonia, puso a prueba durante 700 Km de recorrido la resistencia y experiencia de 11 equipos, entre ellos el Canarias Andalucía Spiuk Tenerife formado por Loreto García, Roberto López, Ildelfonso Cózar y David García. La asistencia de los equipos fue mínima y estuvo a cargo de la organización, que tenía el centro de operaciones en Punta Arenas, Chile. Siete secciones sin puntos de control intermedios, siete pruebas duras y exigentes con unas características muy particulares que permitían a cada equipo decidir ruta a su criterio; eso sí, prestando atención a los rumbos, referencias de paso y distancias que marcaba el libro de ruta y los planos. Los etalles del trazado de la ruta, así como la ubicación exacta del punto de inicio y del final de
la carrera, permanecieron en secreto hasta un día antes de la partida.
Tuvimos que emplearnos a fondo en las 7 secciones que combinaron, al más puro estilo nonstop
bici de montaña y trekking, tras anularse finalmente la sección de kayak por problemas de mal
tiempo y logística. Acertamos en la estrategia, principal objetivo llegar con fuerza al final y
divertirnos, por lo que optamos no arriesgar y mantener ritmo fuerte y constante de día y
aprovechar la oscuridad para comer y recuperar con el sueño, salvo en las secciones en bici
nocturnas, eso nos permitió ir remontando puestos. Pasamos el peor momento en el último trekking por una tormenta, la lluvia y el viento fueron los protagonistas endureciendo aún más el final de la prueba.
Los últimos detalles se terciaron en una ajetreada y alocada noche en el regimiento de Pudeto, en
Punta Arenas, donde todos los equipos preparaban a toda carrera las bolsas de material y comida con la que podrían contar en los próximos diez días y a sabiendas de que un olvido en alguna de las bolsas podría pasar una factura, acabo con cada uno en su catre sabiendo que era la última oportunidad de disfrutar y aprovechar al máximo el placer de descansar y dormir en posición horizontal en una confortable cama, mientras fuera se oía la lluvia, como de costumbre.
Día 1
Con los nervios a flor de piel y de naranja nos dirigimos con nuestras bicis a la Plaza de Armas de Punta Arenas, tras un fuerte e indigesto desayuno. Ya en la plaza todos los equipos nos mimetizamos entre tanto fotógrafo y medio de comunicación. Uno, Dos, Tres, GO. Salida neutralizada hasta el puerto donde un carguero nos cruzaría el Estrecho de Magallanes hasta el Porvenir, la entrada a la Tierra del Fuego Chilena. El disparó de salida lo dio la apertura de las compuertas del carguero, tonto el último, por delante la primera sección 126 Km en bici.
Comenzamos en último lugar por problemas en la bici de Loreto, pero en poco empezaríamos a
adelantar equipos y ver sus limitaciones. Ilde con una cámara colocada nos grababa desde atrás, nos sentíamos bien pero era mejor tomárselo con calma. El equipo francés del Raid 74 Sky Airlines, uno de los más fuertes, tenía problemas mecánicos y los equipos brasileños y argentinos iban perdiendo fuelle.
Al PC1 llegamos ya con la fría noche y en 5º lugar detrás de los americanos. Desde aquí un
trekking de 20 km con rumbo fijo durante el cual nos empezamos a hacer una idea de lo duro que iba a ser el terreno a pie. Intentando tener en cuenta la corrección magnética y viendo luces de equipos por delante y detrás que aparecían y desaparecían como fantasmas llegamos al PC2. Manteníamos la posición, aunque a esta altura de carrera sabíamos que eso no tenía aún demasiada relevancia.
Día 2
A punto de amanecer cogimos nuevamente las bicis 30 km que comenzaría pedregosa para adentrarse en zona boscosa y un duro barrizal que nos obligo a meter rodilla al fango y alguno de paso chapuzón. Con eso llegamos al PC3 Río Grande, un paisaje natural majestuoso que invitaba a la paz y la pasividad, todo lo contrario que nos tocaba a nosotros. Con un día ya de carrera nos topábamos en ese PC con los americanos y el equipo francés authentic nutrition que estaban a punto de partir, estábamos los cuartos, con el equipo Medilast hispano chileno encabezando la prueba. Pero en este punto comenzaba la sección más dura del raid por su duración, un trekking de 112 km, que pondría los puntos sobre las ies y nos haría comprender lo lento y duro que es progresar en estas tierras. Nos tomamos la transición con calma, cocinamos algo, limpiamos las bicis y salimos a unas 2 horas del equipo líder y a unos 50 minutos de los americanos y franceses
El primer tramo fue sencillo por zona boscosa, hasta que llegamos a un lago y ahí se empezó a complicar todo, una subida suave hasta un collado entre castoreras interminables construidas con troncos en forma de estacas que lo empantanaban todo e hizo que se nos empaparan de los pies a las rodillas, cosa que ya no iba a cambiar en los próximos siete días. Aquí descubrimos que el castor es una plaga y el territorio que ocupa se convierte en un pantano desolado lleno de troncos y estacas de muy difícil acceso, vamos que sería nuestro mayor enemigo. De lejos veíamos a los franceses progresando por la otra margen del valle y comenzaron las primeras dudas de si ese sería el mejor camino cosa que luego quedo claro que era cuestión de suerte y es que con la cartografía en foto satélite 1:100000 era imposible determinar el mejor paso y hay que resignarse el avance es lento.
Ya en el collado entre camino de guanacos y turba comenzamos a bajar hasta un río donde comenzamos a ver huellas del equipo hispano chileno, los llevábamos por delante e iban a toda pastilla pero ver sus huellas nos daba esperanza y ánimos de que podríamos tropezárnoslos.
Esa noche la pasamos junto a un enorme río, y sin ver rastro de otros equipos, con los pies helados montamos las casetas puertas con puerta y nos metimos en los sacos, cocinamos la cena y un café aguado.
Día 3
Tras seis horas de sueño a las 5 de la mañana nos levantamos y la sensación fue desagradable, todo estaba helado, pero había que recoger y proseguir, a Loreto casi no le cabían las zapatillas
y calcetines congelados. Todo ese día caminamos atravesando valles, ríos y collados sin ver ningún alma salvo la de los guanacos y el resto de animales del lugar. De camino a un collado que nos llevaría al Lago Blanco, perdimos el rumbo y ya con la noche intentamos remediar el error, hasta que nos topamos con una castoreña que nos hizo plantearnos que era mejor dormir y proseguir ese complicado tramo con luz solar. El recorrido se estaba haciendo demasiado largo y no llevábamos comida suficiente, habría que racionarla y plantearse en el resto de secciones cargar más comida.
Día 4
Ya con luz del amanecer subimos a la cumbre y nos dimos cuenta del error que habíamos tenido y que nos había hecho subir más de la cuenta, en ese momento decidimos que en el bosque y de noche la brújula debía ser nuestro quinto miembro.
En el Lago Blanco comenzamos a ver huellas nuevamente del equipo hispano-chileno y eso nos dio de nuevo la vida. Bordeamos el lago y subimos por un valle donde la vegetación se hacía nuevamente una barrera infranqueable un bosque muy denso que hizo que nuevamente erráramos saliendo a un collado diferente al que buscábamos. La sensación de sorpresa al asomarnos al collado fue enorme, nada coincidía con lo que debíamos ver, ¿dónde coño estamos? gritamos, y tras un momento frente al plano fuimos conscientes del nuevo error. Decididos a repararlo y bajo un fuerte viento y una fina lluvia cresteamos unos cuantos volcanes y nos colocamos justo sobre el valle que buscábamos, a lo lejos se veía donde debía estar el siguiente PC, eso nos lleno de ilusión y fuimos a saco, además un cuarto día realizando esta sección hubiera sido catastrófico. Por fin con la llegada de la noche y tras tres días de trekking interminable a lo lejos vimos las luces del campamento que marcaba el PC4.
Sin duda fuimos el equipo que llego con mejor humor, éramos los quintos, ya habían salido los hispanos chilenos y los franceses, y estaban durmiendo los americanos y para nuestra sorpresa los turcos tras una gran remontada, y el resto de los equipos se encontraban aún en camino.
Muy animados cocinamos pasta, unas latas de fabada, nos cambiamos y con la misma a la bici, era el momento de aprovechar la noche y sacarle partido a las dos noches anteriores de camping. La bici fue un pis-pas 56 km con dos puertos de 700 metros muy duros y bajo la lluvia, pero lo más duro fue vencer el sueño que nos hacía dar algún zigzag de más y toparnos con la cuneta.
Día 5
Con el amanecer dejó de llover y se despejo el cielo, típico de la impredecible meteorología
patagónica, el viento y el frío pegaban en el PC5 donde nos topamos con el equipo hispano chileno
durmiendo y con los franceses que habían salido hacía una hora y media para realizar la sexta sección, un trekking de 46 km que tenía una primera parte por una zona de alta montaña entre glaciares. Con el nuevo subidón y seguidos por el equipo hispano chileno comenzamosdisfrutando como nunca de la alta montaña y de su rápida aunque dura progresión, entre unos paisajes impresionantes. Perdimos de vista al otro equipo en la subida a un collado que nos llevo a un circo glaciar y unos lagos azules inmensos. De ahí una bajada imposible que nos hizo perder los ánimos hasta el Río Sánchez, un enorme río que se convirtió en nuestra peor pesadilla, el avance era complicado y a mí ya el peristio me dolía hasta el punto de la cojera. Para intentar avanzar por el río, intentamos bordearlo, atravesarlo, alejarnos de sus márgenes tras unos cuantos chapuzones con mochila incluida, con ello nos cogió la noche con los ánimos un poco tocado viendo aún lo que nos quedaba por finalizar. La carrera no nos daba tregua, y era mejor dormir.
Día 6
A las 14 horas por fin dejamos atrás el Río Sánchez con un insulto al unísono y nos topábamos con el mar, el Seno del Almirantazgo, un gran canal donde está La Paciencia, cuatro casa vacías en medio de la nada en una bahía inimaginable que se habían convertido en nuestra nueva meta
el tan ansiado PC6. Como si fuéramos un batallón de vencedores procedente de una guerra avanzamos los cuatro costeando hacia el PC6 con los bastones apoyados sobre los hombros mirándonos y sonriendo. Éramos segundos a tres horas y media de los franceses y el kayak suspendido por ahora suspendido por mal tiempo, se neutralizaba el tiempo y podíamos descansar, para celebrarlo una cerveza y unas papas fritas de la bolsa de comida nos viniero de perilla. Luego una siesta y dos horas y media más tarde llegaban los americanos y a más de cinco horas los turcos, mientras que de los hispano chilenos ni rastro. Montamos las tiendas y a dormir ese día sería imposible salir.

Día 7
El tiempo seguía malo y a eso de las diez de la mañana aparecía el equipo hispano chileno con uno de sus miembros con el tobillo destrozado, luego nos enteramos de las penurias que pasaron para poder llegar, a ellos ya se le había acabado la prueba.
Aprovechamos para poner los pies en agua helada, bajar inflamaciones y para prepararlos para la siguiente prueba, cruzar La Cordillera de Darwin.
Al medio día se confirmaba que no habría kayak y nos cruzaría un barco de la armada chilena
hasta el PC7 donde comenzaría el trekking de 60 km a través de la Cordillera de Darwin.
El barco cruzó el canal bamboleándose mientras todos los corredores nos mirábamos riéndonos y alucinando de que aquel barco no volcase.
En una desolada playa con unos glaciares de fondo comenzamos los cuatro equipos obrevivientes la nueva sección, acompañados por fotógrafos todos aceleramos el paso intentando demostrar que ninguno flaqueaba. En un momento ya cada equipo había elegido su camino. En cinco
horas superamos un collado y bajamos por la margen izquierda de un gran valle. Rápidamente
anocheció y la vegetación nos impidió seguir avanzando, y decidimos acampar en la que fue la peor noche de la prueba, en breve se metió una tormenta y acabamos mojados por completo, al amanecer no amainaba la lluvia y decidimos recoger nuestras pesada y mojada carga y proseguir calados de arriba abajo.
Enseguida nos dimos cuenta del error, el valle había que bajarlo por la otra margen y el río había crecido brutalmente, lo que nos hizo tener que retroceder y badearlo en su cabecera. Con los ánimos también algo calados comenzamos a bajar otra vez por la margen correcta, la lluvia no cesaba y el terreno era muy ruzar vimos al equipo americano, llevaban varias horas buscando algún paso, sus caras cansadas debían ser espejo de las nuestras, pero nos hizo sentir bien el saber que todos estábamos pasando por lo mismo.
Terminamos cruzando encaramados a un viejo tronco que colgaba sobre el ruidoso cauce, con la adrenalina a tope por saber que estas haciendo algo parecido a jugarte la vida, una medalla a Ilde por ser el primer valiente y un fuerte abrazo conjunto tras cruzar, en ese momento a todo nos entro la carcajada tonta del miedo y los ánimos volvieron a subir a tope ya que con ese valiente gesto habíamos dejado atrás a los americanos que no se atrevieron a cruzar por ahí. Como ese, cruzamos dos ríos más pero todo era cuestión de buscar árboles sobre el cauce y echarle decisión. Desde aquí el recorrido se hizo más ligero tres kilómetros de turba en la que se nos hundias las piernas hasta las rodillas dieron paso a un sendero antiguo, por fin un camino, el ánimo nos subió y tiramos con todo lo que nos quedaba. El fin del camino y la noche llegaron al unísono, nos queríamos quitar de encima esa sección pero no había forma. Todos estábamos agotados pero la decisión fue unánime, tratar de llegar al PC durante la noche.
No sabíamos con exactitud donde estábamos pero sí que rumbo tomar, solo era cuestión de ir
dirección Sur hasta toparnos con el Estrecho de Beaglle. La luna llena nos descubría el mar y un increíble valle coronado con glaciares, y desde ahí a costear unos 10 km en los que vimos las luces del equipo turco, estaban cerca. De repente vimos las luces que marcaban el PC8 que nos sirvieron de propulsión. A las 4 y 20 de la madrugada las luces nos daban con toda su fuerza en la cara, un potente foco de un barco de la armada chilena nos apuntaba mientras otro indicaba el puerto de Yendegaia, el PC8 ya era nuestro. Los turcos entraron pocos minuto por delante de nosotros con uno de sus componentes con esguinces en ambos tobillos.
Tan cansados como contentos lo celebramos con unos platos de lentejas con arroz y pensando en
coger el kayak al amanecer para darle fin cuanto antes a este duro y largo periplo.
Día 8 y 9
Con el día se nos trunco la recta final de la prueba. Solo quedaba cruzar el Canal de Beaggle en
kayak (30 km) y un recorrido en bici rápido de 50 km en llano hasta Puerto William, el
pueblo más austral del mundo. Por problemas con el material de kayak nos pararon, cosa que
aprovechamos para descansar. Los americanos llegaban a las 10 de la mañana con caras de cansados.
La espera se prolongó todo un día, hasta que en vista de estar las clasificaciones ya decididas y
a pocas horas de la meta se decidió dar por finalizada la prueba, cosa que aprovechamos todos
para felicitarnos y celebrarlo.
Un final agridulce para una de las pruebas más duras y bellas a las que se puede enfrentar un raider.
Un velero nos llevó hasta Puerto Willian a todos los equipos y a los periodistas que cubrían la prueba, ya comenzaba el momento del descanso, la aventura había terminado y por fin ya
tendríamos los pies secos.

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