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...Es lo que tiene un domingo raro, no esperas nada especial y al final hay algo que le da la vuelta y se convierte en un día irrepetible.



Bueno, si lo vamos a mirar bien, ya el sábado había sido un buen día, José Carlos nos había preparado un ruta circular por Las Raíces, se conoce la zona como la palma de su mano. Hay que decir que J. David no se queda atrás, lo que pasa es que el va más "rápido" y se para un poco menos a mirar el paisaje... ;-)



Salimos siete, José Carlos, José Luis, Javi S., Salva, Fran, J. David y yo, ¡ah! y Hommer, el perro de Javi. Primero "pisteamos" un poco para calentar, luego entramos en la parte alta del recorrido de la media de Acentejo y para rematar JC nos metió por un par de senderos preciosos que daban a la zona de Las Lagunetas. A partir de ahí un sendero que bajaba a saco hasta el punto de partida, muy técnico en el que no podías quitar la vista del suelo. Alguna torcedura de tobillo, alguna caída (lo siento Fran, fue culpa mía) y sobre todo un buen rollo que hace que termines el entrenamiento con ganas de repetir. Sobre todo después del avituallamiento final :-) en la gasolinera de La Esperanza.



Si este fue un entrenamiento increíble, en compañía, el de hoy domingo no lo ha sido menos, en solitario y estirando al máximo la última hora de luz. Pensé que la noche se me echaba encima.

Por la mañana no pude salir porque hacía algo de viento y lloviznaba, pensé que iba a estar peor y al final me quedé con las ganas.

Desde casa miraba la ladera de Los Realejos y parecía que me estaba llamando, jeje. No pude salir hasta las cinco y media. Empecé por asfalto, venga a subir y subir, llegando a Chanajiga, veo un sendero marcado que se metía en un barranco. Dudo, son las las seis y cuarto y pronto empezará a oscurecer... Bueno, me meto y si veo que se complica me vuelvo. Que va, ya metido en faena es imposible volver atrás, es un sendero muy técnico, al principio con mucha piedra suelta pero luego invita a trotar.

LLego a un cruce, hay un sendero que sube y sube, creo que lleva a la antena del Asomadero, me vuelvo hacia atrás porque si es así se me hará de noche. A todo esto tengo que decir que salí sin frontal, ni comida, ni agua, sólo con una gorra. Bueno, desnudo no iba, jeje.

Qué pena no llevar una cámara, ni siquiera el móvil, cada curva del sendero es una foto increíble, qué pasada, pensar que esto lo tengo tan cerca de casa. Hay diversos cruces pero es imposible perderse, hay marcas blancas y amarillas por todos lados y en las señales el camino al Realejo Alto está claro.

Hay sitios en los que se nota que hace mucho que nadie pisa este sendero, las hojas amortiguan mis pasos. Estoy completamente sólo, nadie sabe que estoy aquí, sólo oigo mi respiración, las gotas de sudor caen de la visera de mi gorra. Que pena estar sólo y no poder compartir esto, pero por otro lado qué increíble poder disfrutar en soledad de todas estas sensaciones.

Por fin empiezan a aparecer algunas casas, son pequeñas construcciones para las huertas y llego al final del sendero que curiosamente ya había intentado encontrar alguna vez pero no había sabido dar con él.

La próxima vez lo haré acompañado y con una cámara de fotos, ¿quién se apunta?

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