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Segunda edición de esta carrera, este año en sentido contrario. Se alcanzó la cifra de 300 corredores, el límite máximo de inscripciones.
Si me permiten, hago un inciso aquí. Creo que nos estamos acostumbrando o malacostumbrando, según se mire, a pasar en las pruebas un poco ajenos a la organización. Exigimos porque pagamos y no somos capaz de ver un poco más allá. Tenemos en la isla un lista de carreras de lujo, no tenemos que salir para hacer cualquier distancia, incluso corredores penínsulares y algún extranjero se maravillan del calendario que tenemos a nuestra disposición. Digo esto porque, como nos dijo Basilio Bravo antes de la salida, tres personas no pueden organizar una carrera de este tipo y con esta cantidad de corredores, bueno, sí que pueden y lo demostraron, pero ¿a qué precio? 
Hay ocasiones en que podemos echar una mano ya sea porque estamos lesionado y no podemos participar o porque no hemos llegado a tiempo a las inscripciones o simplemente vamos a acercarnos a ver a los compañeros. ¿Qué mejor forma que estando en un avituallamiento? Como dice Basilio, ahí lo dejo, no se trata de obligar a nadie, sino una opción a tener en cuenta en el futuro...

Y continuando con la crónica, allí estábamos en la Plaza de San Bernardo por segundo año dispuestos a afrontar unos durísimos 21 kms., muy técnicos, sobre todo la subida y la bajada y con una pista  que aunque picaba para arriba más de uno lo agradecimos.
El primer kilómetro y medio por asfalto hasta la entrada al sendero, muy rápida, aquello parecía un diez mil, chiquitas prisas, jaja... Ya dentro del sendero, cada uno va cogiendo su sitio, las fuerzas están intactas y toca apretar. Como a la media hora, empiezo a notar que no voy bien, no hay fuerzas y tengo que bajar el ritmo, poco a poco me empiezan a pasar, de uno en uno aquello se va convirtiendo en un suplicio, ¿pero que me pasa? hoy no es el día.
Salimos de la zona con más desnivel y se puede trotar, la gente me va pasando por todos lados, ¿pero esto qué es? Aunque iba al trote no iba cómodo y toda la subida se me hizo interminable. LLegar al avituallamiento fue como llegar al paraíso, echarme a un lado y beber me vino bien. Me tomé un gel y parece que algo hizo, apartir de aquí pude ir regulando las fuerzas y hacer casi toda la subida a buen ritmo. En la pista tocaba, administrar, sin parar nunca a caminar, una curva, otra curva y parecía que no llegaban nunca a las antenas.
A parti de aquí empieza la bajada, primero el avituallamiento, un redbull para espabilar y para abajo. Los tobillos se retorcían para todos lados, piedras, ramas, hojas, humedad, todo se mezclaba para hacerlo más difícil. Algo desmotivado por las malas sensaciones, decidí bajar sin arriesgar, la gente seguía pasándome por encima. Había alguna zona donde se podía alargar más la zancada pero había otras con mucho peligro, más de un compañero sufrío alguna caída.
Al llegar a la zona del barranco, el desnivel aumentaba y había que poner más atención pero ya estaba cerca el asfalto y motivaba un poco. Me sorprendió lo que me costó acostumbrar de nuevo las piernas a correr sin piedras. Un tramito llano y tras el avituallamiento a meternos de nuevo en el barranco, esta vez entre callados y pedruscos, charcos y ramas, qué divertido, ¡¡GRACIAS BASILIO!! todavía te tienen que estar pitando los oídos, jaja...
Este año ese tramito se me hizo más corto, ya sólo quedaba deshacer el camino por el asfalto a través de Los Silos para llegar a meta, de nuevo al trote que ya no queda nada.¡Qué dura se hace esta parte final!, un poquito de callejeo y ya estamos en meta. 
Qué bueno el melón y el agüita nada más llegar, ya sólo quedaba saludar a los compañeros que por allí estaban y recuperar un poco.
Felicitar desde aquí a todos los que por allí estuvieron, sólo por haber estado en la salida ya son unos campeones.

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