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Después de un buen descanso aquí está mi crónica de la Cruza.
Empecemos por el viernes, que entre trabajo y obligaciones familiares y domésticas no pude acostarme hasta muy tarde, total que hasta la 1 de la madrugada no cogí el sueño. A las 5:00 a.m. sonó la diana, así que dormí cuatro horitas. Como tiene que ser, ir bien descansadito a correr por esos montes... ;-)
Ya en Güimar, recogida de dorsal y chip, muy rápida, casi no había cola, me quito la ropa de abrigo que llevaba y como calentamiento, corriendo al coche que se me habían olvidado las gafas y la cámara.
Nos colocamos ya en la salida, nos dan las instrucciones de última hora, disparo y fuera. Nos dirigimos hacia el club náutico por el paseo, está muy mojado, había un camión cisterna limpiando. Yo noto que me salpico mucho las pantorrillas pero no voy tan rápido como para levantar agua, mala espina, toco la riñonera y está goteando. No puede ser, no llevo un minuto de carrera y primer problema. Me paro, me quito la riñonera, -por favor,que no esté picado el camelbag-. Afortunadamente, sólo era la tapa, la había cerrado mal y se había salido un poco. Total que entre una cosa y otra, cuando me voy a reincorporar a la carrera me había pasado todo el mundo, sólo quedaba detrás alguno que había salido caminando. ¡Qué sensación de impotencia!, ahora tocaba remontar y encima en la parte más complicada. Qué se le va a hacer, aunque un poco agobiado empiezo a trotar y a recuperar posiciones, subo por los invernaderos adelantando, muchos van con los bastones y tengo que esperar a poder pasar. Decido tomármelo con calma y poco a poco vamos para delante, calculo que hasta el primer avituallamiento no estuve más o menos en mi posición.
Aquí ya se ponía el camino un poco más suave y se podía alternar el trotar con el caminar. En el pinar pude saludar, por fin, al gran Pedro Jerónimo, iba recuperándose y vaya si lo hizo, luego me pasó de nuevo al trote y pude ir viendo su estela hasta Izaña donde ya lo perdí definitivamente. Felicidades por tu tiempazo.
A mitad del pinar me uní a la que a la postre sería la primera clasificada femenina, Eugenia, vaya ritmo al que subía, nos fue poniendo a todos en fila y al final llegamos juntos a la cima. Lo bueno de ir con la primera chica es que sales en todas las fotos como guardaespaldas, jeje.
El avituallamiento de Izaña, genial, muy surtido y la gente muy atenta, no me paré mucho, una barrita, dos vasos de Aquarius y rumbo al Portillo. A partir de aquí mi carrera fue completamente en solitario, Eugenia se me iba en las bajadas, en las subidas y en los llanos le recuperaba terreno, pero en las cuestas abajo está visto que soy un negado.
Sin novedades llegué al Portillo, en tres palabras: im pre sionante, de nuevo los voluntarios nos atendían con un cuidado exquisito. Yo me avituallé en mi bolsa con geles y algunas barritas para la larga bajada y también cogí los auriculares para escuchar música.
A todas estas, la planta del pie no me había dado ningún problema. Tengo que decir que debido a mis miedos, estaba corriendo con dos plantillas adicionales en las zapatillas, parecía un poco más alto... :-D. En la subida tuve miedo de que me hicieran alguna rozadura en el talón, pero se quedó en nada y pude disfrutar de la carrera aunque esquivando las zonas con mucha piedra y sobre todo en las pistas trotando por las roderas de los coches.
La bajada, un coñazo, muy sólo, además con la niebla y los pinos quemados aumentaba la sensación de desasosiego. Aquí tuve una media pájara, me había despistado de comer, en cuanto me tomé un gel me recuperé y sin más novedades llegué al Lagar.
¡Ay, El Lagar! No llegué aquí con mucha motivación y este es un punto que se me ha atragantado en las tres ediciones de este reto. Comí y bebí tranquilo, muchos me pasaron en este avituallamiento, pero yo era consciente de mi estado y sabía lo que me esperaba. Aquí abandonó un chico de Las Palmas, luego leyendo el foro de http://www.arinaga.net supe que era Atamán, le ofrecí algún gel pero estaba convencido, no le merecía la pena alargar el sufrimiento. Estaba muy desmotivado por los calambres y una equivocación con la señalización.
A partir de aquí vienen catorce kms. teóricamente llanos, ¡y una mierda!, deben ser diez picando para arriba y los cuatro finales para abajo hasta la carretera. La verdad es que no cogí ritmo en ningún momento, me tomé unos cuantos geles pero las energías no llegaban. Para mí fue la peor parte de la carrera, completamente sólo ¿cómo no?, fundido, desmoralizado. Es esa parte de la carrera donde dices: -¿qué coño hago aquí?, ¿qué necesidad tengo de esto?, no me cogen otro año-, pasaron un par de coches que me ofrecían agua y me preguntaban como estaba. Debía ver en mi cara el agotamiento, yo les decía que estaba bien, que no necesitaba nada, pero de buen grado me hubiera subido en el coche y me hubiera largado de allí. ¿Os acordáis de aquello de el demonio bueno y el malo, uno en cada hombro? pues algo así.
Pero como todo tiene un fin, llegó el avituallamiento de La Montañeta, un vaso de Aquarius y ha echar el resto. Trotando paso a alguno que va muy mal, me sorprende bajar corriendo a buen ritmo, aunque también hay alguno que me pasa como una flecha. El teléfono no coge cobertura, había quedado con mi mujer para avisarla y estar con la familia en meta, al final llegaron tarde por culpa de Orange ;-). El último tramo, el sendero, es asesino, los tobillos iban girando para todos lados, dos veces estuve a punto de caerme. Por cierto, aquí se me pusieron los pelos de punta cuando vi pasar a un chiquillo con un tambor, ¿a dónde coño irá por aquí pa'rriba?, cuando llegué a una curva del sendero me encontré a toda la banda y empezaron a retumbar los tambores. Me bajaron unas lágrimas por las mejillas que me tapaban las gafas de sol. Gracias a la organización por ese detalle, seguramente es cosa de Basilio.
Y la entrada en meta con los brazos en alto, se había acabado el suplicio, 9h : 09 min., otra mordida más al tiempo y aunque durante la carrera juré que nunca más, ahora, después de unos días los ánimos se van apaciguando.

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