Ratio: 0 / 5

Inicio desactivadoInicio desactivadoInicio desactivadoInicio desactivadoInicio desactivado


Remontando garachico por el sendero volcánico.


Este fin de semana por fin he podido hacer esta salida que había retrasado varias semanas por culpa de las gripes en la familia.

El despertador sonó el domingo a las 5:30 a.m., sólo tuve que vestirme y colocar la comida en la mochila que tenía preparada desde el día anterior, como era tan temprano iría luego comiendo en la guagua, con un par de yogures y unos frutos secos sería suficiente. A las 6:00 estaba en la parada esperando la guagua de la línea 363 que me dejaría en Garachico en 45 minutos; había que ver las pintas que llevaban los pasajeros a esas horas, casi todos venían de juerga y dormían tirados por los asientos.

Bueno, a las 6:55 a.m. salí desde las piscinas de Garachico, crucé el pueblo y enseguida estaba subiendo por el sendero que transcurre sobre una colada de lava que siglos atrás lo había sepultado. Es un sendero muy incómodo ya que está lleno de piedras y hay que mirar muy bien donde se pone el pie porque los tobillos corren mucho peligro, este tramo el día de la carrera se hace de bajada y con 65 kms. ya en las piernas es la estocada final para nuestro cuerpo. Poco a poco me voy remontando sobre el nivel del mar y sólo oigo mi respiración y el batir del mar contra las rocas, es imponente.
En poco tiempo salgo del sendero y cojo una calle asfaltada que suben con fuerte pendiente, es muy fácil seguir el camino ya que está marcado con unas placas de madera con dos rectángulos dentro, una amarillo y otro blanco. A esta altura la humedad es muy alta y me envuelve una niebla que apenas me deja ver. Enseguida alcanzo el límite de las viviendas y empiezan los sembrados, la niebla se va despejando y me deja ver el sol que, rodeado de calima, me deja ver perfectamente su disco. He de decir que hasta aquí sólo he podido caminar debido a la dureza de la subida y hasta llegar al límite del pinar, en San Francisco de la Montañeta, apenas si podía trotar unos pocos metros.
La fuerte calima no dejaba pasar la luz del sol

Al llegar a la ermita hay una zona de descanso, aquí aprovecho para comer una barrita y localizar la pista por la que tendría que empezar a llanear. He de decir que aquí no miré el rutómetro y cogí la primera pista que me encontré, como resultado estuve media hora perdido, teniendo que rehacer el camino y localizar la pista correcta. Con dos horas ya desde el comienzo salí desde la pista buena, en teoría son 15 kms. de llaneo que en realidad creo que son de ligera bajada. A estas alturas ya ha empezado a subir la temperatura y el cansancio empieza a aparecer pero puedo correr sin parar en ningún momento, para colmo la fuerte calima hace que se seque la garganta muy rápido y que el agua que llevo se caliente muchísimo.

Llego a la zona recreativa del Lagar, iba con la idea de refrescarme pero hay carteles indicadores de agua “no potable” y me aconsejan no beberla aunque por un día no pase nada, por lo visto tiene exceso de fluor. Como tengo agua en el depósito decido seguir sin tocarla. Por suerte, cuatro kms. más adelante en el cruce del Barranco de la Arena hay agua disponible y puedo parar un rato para refrescarme la cabeza y el cuello, la verdad es que me sienta genial y me da algo de fuerzas que a estas alturas ya van muy mermadas.

Lo malo es que me doy cuenta de que he calculado mal el tiempo, le había dicho a mi mujer que sobre las once u once y media estaría ya por casa y ya era casi la hora, al estar sin cobertura telefónica me empiezo a agobiar un poco. Ahora el terreno es de constante ascenso y sólo tengo fuerzas para correr en los tramos más llanos, sigo sin cobertura y el tiempo estimado se me va a ir en unas dos horas. Como a perro flaco todo son pulgas empiezo a ir muy lejos un helicóptero, luego me iría acercando hasta darme cuenta de que por encima de mí había un incendio que intentaban sofocar. Aquí ya me agobié del todo; agarré la primera pista que me llevaba en ligero descenso hacia Los Realejos y empecé a trotar de nuevo. Desde aquí hasta el Mirador de la Corona lo hice trotando sin parar y con el miedo de que en cualquier momento se acabara el agua del Camelbag.

Después de más de seis horas de ruta llegué al punto final donde mi mujer me recogió con el coche. La verdad es que había calculado cuatro horas o cuatro y media de recorrido pero el fuerte calor, unido a la calima y el continuo ascenso penalizaron mucho el tiempo necesario para completar el recorrido. Lo bueno es que al día siguiente no tenía ni pizca de agujetas, simplemente algo de dolor en la parte externa de la pierna derecha, por debajo del gemelo. Ahora voy a parar dos días para recuperar un poco y el miércoles empezaremos de nuevo con los entrenamientos.

Ya estoy pensando en la próxima.









PD: No me deja incluir las fotos, volveré a intentarlo mañana.

Enlaces a la entrada en Blogger